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Educación Preescolar, la revista - 5 new articles



 

 

La adquisición del lenguaje escrito: del preescolar a la primaria



La adquisición del lenguaje escrito es un proceso gradual, complejo y constructivo mediante el cual las niñas y los niños desarrollan la comprensión de que la escritura representa el lenguaje oral y que, a través de ella, pueden comunicar ideas, pensamientos y conocimientos. Este aprendizaje no ocurre de manera inmediata ni consiste únicamente en memorizar letras o sílabas; por el contrario, implica la construcción progresiva de hipótesis acerca del funcionamiento del sistema de escritura, las cuales se transforman conforme el alumnado interactúa con diversos textos, recibe acompañamiento docente y participa en situaciones reales de lectura y escritura.

Durante la educación preescolar, el objetivo principal no es que todos los niños aprendan a leer y escribir convencionalmente, sino favorecer el desarrollo de la alfabetización inicial mediante experiencias significativas con cuentos, letreros, nombres propios, listas, carteles, canciones y diversos materiales impresos. En esta etapa, los niños comienzan a descubrir que la escritura tiene una función comunicativa y que los textos transmiten mensajes, por lo que realizan sus primeros intentos de escritura utilizando dibujos, grafismos, letras conocidas o combinaciones de símbolos.


Uno de los aportes más importantes para comprender este proceso fue realizado por las investigadoras Emilia Ferreiro y Ana Teberosky, quienes, a partir de la teoría constructivista de Jean Piaget, desarrollaron investigaciones sobre la psicogénesis de la lengua escrita. Sus estudios demostraron que los niños no aprenden a escribir únicamente mediante la repetición o la copia, sino que construyen activamente conocimientos sobre cómo funciona el sistema de escritura. Esta propuesta fue publicada en la obra Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño (1979), considerada una de las investigaciones más influyentes en el campo de la alfabetización.

Ferreiro y Teberosky identificaron diversas etapas o niveles de conceptualización de la escritura, las cuales no dependen exclusivamente de la edad, sino de las experiencias de aprendizaje de cada niño.

La primera corresponde al nivel presilábico. En esta etapa los niños aún no establecen una relación entre las letras y los sonidos del habla. Pueden escribir utilizando garabatos, dibujos, letras al azar o secuencias de caracteres sin correspondencia con las palabras que desean representar. No obstante, ya comprenden que escribir es diferente de dibujar y comienzan a formular hipótesis sobre la cantidad y variedad de letras necesarias para que un texto "diga algo".

Posteriormente aparece el nivel silábico, en el cual los niños descubren que existe una relación entre la escritura y la pronunciación. Su principal hipótesis consiste en considerar que cada sílaba de una palabra debe representarse con una sola letra. Así, palabras como casa pueden escribirse como "CA" o "CS", utilizando una letra por cada sílaba, aunque todavía no exista una correspondencia fonética completa.

El siguiente momento es el nivel silábico-alfabético, considerado una etapa de transición. Aquí el niño comienza a comprender que algunas sílabas requieren más de una letra para representarse correctamente. En una misma palabra puede escribir algunas sílabas completas y otras utilizando una sola letra, mostrando avances importantes hacia la escritura convencional.

Finalmente se alcanza el nivel alfabético, en el que el estudiante comprende que cada fonema del habla corresponde a una representación gráfica. Aunque todavía puede presentar errores ortográficos propios del aprendizaje, ya logra escribir palabras y oraciones respetando, en gran medida, la relación entre sonidos y letras, lo que le permite producir textos cada vez más comprensibles.

Durante el primer ciclo de educación primaria estas hipótesis continúan fortaleciéndose. El alumnado consolida la lectura y la escritura convencionales, amplía su vocabulario, mejora la comprensión lectora y desarrolla habilidades para redactar diversos tipos de textos. Asimismo, comienza a apropiarse de aspectos ortográficos, gramaticales y de puntuación que enriquecen la comunicación escrita.

Es importante destacar que estas etapas no constituyen un método de enseñanza, sino una explicación científica sobre la manera en que los niños construyen el conocimiento acerca del sistema de escritura. Cada estudiante puede avanzar a ritmos diferentes e incluso presentar características de dos niveles de manera simultánea, dependiendo de las oportunidades de aprendizaje que tenga en la escuela y en su entorno familiar.

En consecuencia, el papel del docente consiste en ofrecer ambientes alfabetizadores ricos en materiales escritos, promover situaciones auténticas de lectura y escritura, respetar las hipótesis infantiles y diseñar intervenciones pedagógicas que permitan a los alumnos reflexionar sobre el lenguaje escrito. De esta manera, la alfabetización deja de ser un proceso basado únicamente en la memorización para convertirse en una experiencia de construcción del conocimiento que acompañará a las niñas y los niños durante toda su trayectoria escolar.

      
 

Decálogo para desarrollar efectivamente las competencias lingüísticas

 Decálogo para desarrollar efectivamente las competencias lingüísticas

Por: Migue Ángel Dirzo

@MiguelDirzo



La gran incertidumbre en la mayoría de los padres de familia al momento de que sus hijos ingresan a la educación básica (preescolar, como primera instancia y en la cual hemos de centrarnos) es: ¿y cuándo aprenderán a leer y a escribir? Es una duda razonable, e incluso muchos de los docentes y las docentes se enfrentan a esta dificultad. A continuación se desarrollará un decálogo que facilita la adquisición de competencias lingüísticas:

1.       El proceso de alfabetización no se centra únicamente en la lectura y escritura, es por sobre todas las cosas, como primera instancia, el dominio del lenguaje hablado; es decir, el dominio de la lengua materna, y después así, el dominio de la lectura y escritura (Garton y Pratt, 1991, p.19). En casa, antes de que se instigue o presione al alumno a repetir las vocales o el abecedario ―casi siempre, memorísticamente―, por tener la concepción errónea de que eso ayudará a adquirir más rápidamente el proceso de lecto-escritura, los responsables del cuidado del niño tendrán que enriquecer primero su lenguaje, desarrollar discusiones verbales enriquecedoras y aumentar su propio vocabulario. Un ambiente familiar o escolar rico en comunicación oral, facilita el desarrollo de las competencias lectoras.

2.       Las propiedades del habla del cuidador (familiar o docente) activan un papel importante en el juego del lenguaje, facilitando la competencia verbal. Si el cuidador comente errores lingüísticos, muy probablemente serán imitados por el alumno; por lo tanto, si el cuidador utiliza correctamente sus palabras, muy probablemente el alumno adquirirá destreza en el habla.

3.       Diseñar estrategias y propuestas, así como evaluar la enseñanza de la lengua (Arnáez, 2006, p.8). Es importantísimo que la enseñanza de la lengua esté basada en un plan y una estrategia (planificación), para que la enseñanza sea sistemática y coherente. Dificulta y entorpece el querer enseñar a hablar, leer y  escribir adecuadamente, sin un plan que nos ayude. El eclecticismo dificulta el proceso de lecto-escritura.

4.       El dominio de las habilidades gráficas; es decir, el dominio de la escritura, es análogo y va estrechamente relacionado con el dominio de la articulación. Al mismo tiempo que los alumnos comienzan a dominar la lengua materna se van internando al mundo de lo escrito.

5.       Enseñar a escribir requiere de un gran esfuerzo  por parte de los cuidadores, además de habilidades de psicomotricidad fina por parte del alumno. Es decir,  antes de poner frente al niño una hoja de papel y un lápiz para sus primeros trazos, es imprescindible que el niño, salte en dos pies, en uno, repte, gire, corra, etc. Hay que explicar a los padres de familia, que la lecto-escritura es un proceso, y es imposible saltarnos etapas de desarrollo. Por lo tanto, para poder pinzar un lápiz para escribir, primero  hay que mover todo el cuerpo (psicomotricidad gruesa).

6.       Hay que tener calma. La lengua y el dominio instrumental (leer y escribir), son aprendizajes lentos y  progresivos (Cassany, Luna y Sanz, 2002, p. 19), nunca hay que desesperarse  al no ver progresos rápidos. Si estamos llevando un programa adecuado, muy seguramente los aprendizajes se verán reflejados tarde o temprano. Lo que hay que evitar a toda costa, es presionar a los alumnos para que avancen a un ritmo acelerado, o a un ritmo de aprendizaje, que no es su ritmo.

7.       Todos somos responsables de la alfabetización de los niños. “Todos los profesores son maestros de la lengua” (Cassany, Luna y Sanz, 2002, p. 26).  No deleguemos responsabilidades. Y hay que ir más lejos, el docente o la docente no son los responsables únicos del aprendizaje de la nueva sociedad, si queremos una sociedad alfabetizada, consiente y crítica, el trabajo es de todos y ningún actor social tiene menos peso que otro. Los padres, la familia, los tutores, las instancias gubernamentales y  no gubernamentales, los programas (los creadores del currículo escolar), los docentes. Todos somos los responsables de la alfabetización.

8.       Uno de los primeros pasos hacia la lectura es el contacto físico con ella. “Los niños y niñas que desde pequeños han manipulado cuentos están mejor predispuestos para el aprendizaje” (Cassany, Luna y Sanz, 2002, p. 26). Los alumnos toman conciencia de la letra impresa, cuando viven rodeados de ella; es decir, cuando los portadores de texto son múltiples, enriquecen el ambiente alfabetizador y construyen un mundo donde las letras son prioridad. Entre más libros, revistas, diarios, haya en la escuela y la casa, más predispuestos estarán los alumnos a leer.

9.       Uno de los primeros pasos hacia la escritura es el dibujo. Nunca limites las ganas de dibujar de un alumno, con el dibujo el niño reinterpreta su mundo y lo plasma materialmente. Los símbolos del dibujo tiene significado, igual que las letras; ejemplo, “esta es mi mamá y me quiere”, “estas son las vacaciones con mi tía”, etc. El dibujo irá progresando paulatinamente hasta convertirse en grafía. Provoca el dibujo, no lo apabulles.

10.   Reduce tajantemente el vocabulario televisivo, es monótono y escasamente rico, no provoca ningún impulso para la comprensión de la lengua. Reduce la televisión y aumenta la lectura con la familia y amigos.

11.   Motiva a los niños, forma hábitos de lectura, inyéctales el amor por el aprendizaje. La motivación es uno de los motores que dará fuerza e impulso al proceso  de alfabetización. Recuerda “los alumnos no aprenden porque no están motivados, pero a su vez no están motivados porque no aprenden” (Pozo y Gómez, 2009, p.45). Busca que el alumno se interese por el aprendizaje. Habar correctamente,  leer y escribir son juegos divertidos y emocionantes.

12.   Busca que el alumno aprenda correctamente su lengua materna, para que después aprenda una segunda y una tercera y una cuarta, y todas las leguas que pueda aprender. Tan hermoso es el inglés, como el francés, como el náhuatl y  el tzotzil. Entre más lenguas aprenda, más grande será su mundo.                                                                                 

Referencias Bibliográficas

Arnáez, M. (2006). La lingüística aplicada en la enseñanza de la lengua: una línea de investigación. Letras: Maracay.

Cassany, D. Luna, M. y Sanz, G. (2002). Enseñar la lengua. Graó: Barcelona.  

Garton, A. y Pratt, C. (1991). Aprendizaje y proceso de alfabetización: El desarrollo del lenguaje hablado y escrito. Paidós: Barcelona.

Pozo, J. y Gómez, C. (2009), Aprender y  enseñar ciencia. Morata: Madrid. 

      
 

Juegos para Todos: antología de actividades lúdicas, recreativas y educativas


Juegos para Todos es una antología de actividades lúdicas, recreativas y educativas recopiladas durante aproximadamente 30 años por el Mtro. Miguel Ángel Osorio Pinta. La obra reúne juegos, dinámicas, cantos y rondas adaptados para diferentes edades, propósitos pedagógicos y contextos escolares, con el objetivo de apoyar el trabajo docente, estimular la participación de niñas y niños y favorecer el desarrollo de habilidades físicas, cognitivas y sociales. Una de sus principales características es que la mayoría de las actividades requieren poco o ningún material, lo que facilita su aplicación en diversos espacios educativos.


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