"Pero la esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña,me extraña hasta a mi mismo,esto si que es algo verdaderamente extraño.Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosasy que crean que mañana irá todo mejor,esto sí que es asombroso y ...

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"Antes de Partir" - 5 new articles

  1. La Esperanza
  2. La espera interminable
  3. La nube y la duna
  4. No te enamores del amor
  5. La ecología según Nicanor Parra
  6. More Recent Articles

La Esperanza



"Pero la esperanza, dice Dios, esto sí que me extraña,
me extraña hasta a mi mismo,
esto si que es algo verdaderamente extraño.
Que estos pobres hijos vean cómo marchan hoy las cosas
y que crean que mañana irá todo mejor,
esto sí que es asombroso y es, con mucho,
la mayor maravilla de nuestra gracia.

Yo mismo estoy asombrado de ello.
Es preciso que mi gracia sea efectivamente de una fuerza increíble
y que brote de una fuente inagotable
desde que comenzó a brotar por primera vez
como un río de sangre del costado abierto de mi hijo

¿Cual no será preciso que sea mi gracia y la fuerza de mi gracia
para que esta pequeña esperanza,
vacilante ante el soplo del pecado,
temblorosa ante los vientos
agonizante al menor soplo,
siga estando viva, se mantenga tan fiel, tan en pie,
tan invencible y pura e inmortal e imposible de apagar
como la pequeña llama del santuario
que arde eternamente en la lámpara fiel?

De esta manera,
una llama temblorosa ha atravesado el espesor de los mundos,
una llama vacilante ha atravesado el espesor de los tiempos,
una llama imposible de dominar, imposible de apagar al soplo
de la muerte,
la esperanza,
Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,
y no salgo de mi asombro.
Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada,
esta pequeña niña esperanza,
inmortal.

Porque mis tres virtudes, dice Dios, mis criaturas,
mis hijas, mis niñas,
son como mis otras criaturas de la raza de los hombres:
la Fe es una esposa fiel,
la Caridad es una madre, una madre ardiente, toda corazón,
o quizá es una hermana mayor que es como una madre.

Y la Esperanza es una niñita de nada
que vino al mundo la Navidad del año pasado
y que juega todavía con Enero, el buenazo,
con sus arbolitos de madera de nacimiento,
cubiertos de escarcha pintada,
y con su buey y su mula de madera pintada,
y con su cuna de paja que los animales no comen porque son de madera.
Pero, sin embargo esta niñita esperanza es la que
atravesará los mundos, esta niñita de nada,
ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes,
ella es la que atravesará los mundos llenos de obstáculos.
Como la estrella condujo a los Tres Reyes Magos desde
los confines del Oriente, hacia la cuna de mi Hijo,
así una llama temblorosa, la esperanza,
ella sola, guiará a las virtudes y a los mundos,
una llama romperá las eternas tinieblas.

Por el camino empinado, arenoso y estrecho,
arrastrada y colgada de los brazos de sus dos hermanas mayores,
que la llevan de la mano,
va la pequeña esperanza
y en medio de sus dos hermanas mayores da la sensación
de dejarse arrastrar
como un niño que no tuviera fuerza para caminar.
Pero, en realidad, es ella la que hace andar a las otras dos,
y la que las arrastra,
y la que hace andar al mundo entero
y la que le arrastra.
Porque en verdad no se trabaja sino por los hijos
y las dos mayores no avanzan sino gracias a la pequeña".

Charles Péguy
    

La espera interminable




"Prometieron encontrarse algún día en un lugar no muy lejano que resultara bello para ambos.

Ella, algún día, después de regresar a casa, donde siempre descansaba junto a la infaltable compañía felina, que cada noche la esperaba para verla recostarse y disfrutar placenteramente del último estreno, degustando caprichosamente un helado, rodeados del acogedor calor de la chimenea.

Él, cuando decidiera desoír el deber y la inspiración que le ocasionaban insomnio, la buscaría antes de llegar  la noche, que en su vida no consistía más que en verlo entregarse al afán de escribir incesantemente, largas horas, en la compañía de un café cuyo calor y aroma lentamente se desvanecían, tras esperarlo horas en el silencio y la penumbra.

Ambos aceptaban interrumpirse cuando alguno sentía que aquella rutina nocturna los asediaba, y quizás escuchar al otro era más fascinante que la enigmática película o el seductor café.

Noche tras noche, con el imperceptible paso del tiempo, sus voces les unían hasta el punto de ser habitual y no menos necesario, llamarse, buscarse. Porque el café ya no tenía el buen sabor amargo que lo mantenía despierto sin la voz de ella rondando; ni tampoco el helado lograba estremecerla si la voz de él estaba ausente. Nunca perdieron las esperanzas de encontrarse; de salir una noche para por fin compartir juntos cada noche, el café, el helado. La realidad devenía en un sueño común, donde el tiempo jugaba a su favor y los acercaba silenciosamente. Pronto toda distancia sería sólo nostalgia, si ambos resolvían que así debía ser.

Pero para ciertas personas el azar juega en su contra. La espera que cada vez parecía llegar a su fin, terminó siendo interminable. La implacable muerte apareció en la vida de él, llevándose a su madre, para que acompañara a un padre ausente que hacía largo tiempo había partido.

Ella no volvió a saber de él. La soledad y el silencio los hicieron por siempre cautivos.

Alguna vez escucharía que los infortunios de su vivir terminaron por convencerlo de lo intrascendentes que resultaban el café, la lectura y escritura nocturna; lo imperdonables que esos placeres eran a los ojos del Divino. Y fue acaso el llevar al Paraíso lo más preciado que tenía en la Tierra, la manera que tuvo éste para mostrarle el elevado camino a seguir en su andar por la vida.

De ahí la decisión de abandonarlo todo y entregarse eternamente a quienes más lejos estaban de lo que a él nunca le faltó, pasara a significar de paso la renuncia a los placeres terrenales, y la bienvenida a la vida estéticamente superior rodeada del amor infinito que recibía a diario de quienes llegaban a su vida desde la soledad y el dolor para convertirse en luces que enternecían su alma hasta el último día de su existencia.

Ella, conocedora de cada rincón de su espíritu, con su silencio rechazaba lo que de él se decía por quienes no le comprendieron mejor que sí misma. Y fiel a las convicciones que supo, habitaban el espíritu de quien tanto amaba, nunca dejó de soñar que volvería algún día a buscarla como le había prometido y así pondría fin a la espera interminable que cada noche la entristecía por continuar adelante sin saber siquiera, si él estaba bien.


Pero las señales del Universo, que sólo quienes han amado de verdad logran descifrar, le permitieron sonreír después de cada llanto. La estrella que él decía contemplar noche tras noche, siempre brilló en sus ojos, indicándole que él, distante y ausente, estaba bien, y volvería algún día para acompañarla en su soledad y llenar las infinitas horas que sin cesar crecían y la tenían esperándolo, tiempo que él llenaría con mil y un cuentos, que cada noche buscarían sus oídos, y que entre abrazos, caricias y besos, servirían como testimonio de su amor, tan real, intenso y presente en su corazón, como en el de él estaba el amor de ella, aquellas noches en que su mirada luminosa y húmeda se perdía junto a una sonrisa, en la silueta de la Luna.

Aquel incesante esperar, por momentos lo tuvo a él caminando por las arenas para luego rendirse ante el viento, contemplando la inevitable caída del Sol que improvisaba un cielo anaranjado, testigos de la caída de sus lágrimas saladas ante el mar, mientras enviaba desde su memoria y su corazón, mil besos con el viento, extrañándola y deseándola; imaginándola por momentos renunciando a sus caprichos tan amados y abandonando el cómodo lecho para compartir parte de su calor y su luz, junto a quienes tanto necesitaban de ambos, de su amor, sueños y energías, capaces de imponerse victoriosos ante toda oscuridad, frío y dolor.

Y por fin entre sueños, lograron encontrarse y esta vez jurar que estarían juntos como en otro tiempo lo habían prometido, en un lugar no muy lejano que resultara bello para ambos... el Cielo."


Marcos Bastías

    

La nube y la duna



"Una joven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo. Pero casi no tuvo tiempo de crecer allí, pues un fuerte viento empujó a todas las nubes en dirección a África.  

No bien llegaron al continente, el clima cambió: un sol generoso brillaba en el cielo y abajo se extendía la arena dorada del desierto del Sahara. El viento siguió empujándolas en dirección a los bosques del sur, ya que en el desierto casi no llueve. 

Entretanto la nuestra decidió desgarrarse de sus padres y de sus más viejos amigos para conocer el mundo. 

—¿Qué estás haciendo? —protestó el viento—. ¡El desierto es todo igual! ¡Regresa a la formación y vámonos hasta el centro de África, donde existen montañas y árboles deslumbrantes!  

Pero la joven nube, rebelde por Naturaleza, no obedeció. Poco a poco fue bajando de altitud hasta conseguir planear en una brisa suave, generosa, cerca de las arenas doradas. Después de pasear mucho, se dio cuenta de que una de las dunas le estaba sonriendo. 

Vio que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Y al momento se enamoró de su cabellera dorada. 

—Buenos días —dijo—. ¿Cómo se vive allá abajo?

—Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo se vive allí arriba?

—También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.

—Para mí la vida es corta —dijo la duna—. Cuando el viento vuelva de las selvas, desapareceré.

—¿Y esto te entristece?

—Me da la impresión de que no sirvo para nada.

—Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, este es mi destino. 

La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:

—¿Sabes que aquí en el desierto decimos que la lluvia es el Paraíso?

No sabía que podía transformarme en algo tan importante— dijo la nube, orgullosa.

—Ya escuché varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierbas y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy difícil que llueva.

Ahora fue la nube la que vaciló. Pero enseguida volvió a abrir su amplia sonrisa:

Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de ti y me gustaría quedarme aquí para siempre.

—Cuando te vi por primera vez en el cielo también me enamoré —dijo la duna—. Pero si tú transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.

El amor nunca muere —dijo la nube—. Se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.
Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas.

Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arco iris.

Al día siguiente, la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección a África pensaban que allí estaba la parte del bosque que estaban buscando y soltaban más lluvia. Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis, que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles.

Todo porque, un día, una nube enamorada no había tenido miedo de dar su vida por amor".

Paulo Coelho

    

No te enamores del amor

Enamórate de alguien que te ame, que te espere, que te comprenda aún en la locura; de alguien que te ayude, que te guíe, que sea tu apoyo, tu esperanza, tu todo.

Enamórate de alguien que no te traicione, que sea fiel, que sueñe contigo, que sólo piense en ti, en tu rostro, en tu delicadeza, en tu espíritu y no en tu cuerpo ni en tus bienes.

Enamórate de alguien que te espere hasta el final, de alguien que sea lo que tú no elijas, lo que no esperes.

Enamórate de alguien que sufra contigo, que ría junto a ti, que seque tus lágrimas, que te abrigue cuando sea necesario, que se alegre con tus alegrías y que te dé fuerzas después de un fracaso.

Enamórate de alguien que vuelva a tí después de las peleas, después del desencuentro, de alguien que camine junto a ti, que sea un/a buen/a compañero/a, que respete tus fantasías, tus ilusiones.

Enamórate de alguien que te ame.

No te enamores del amor, enamórate de alguien que este enamorado de tí.

    

La ecología según Nicanor Parra

 
    

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