En los últimos años estuve investigando la serie de películas que el mítico Roger Corman produjo en Argentina en los años ochenta asociado con Aries, la empresa de Fernando Ayala y Héctor Olivera. Ese trabajo terminó siendo un libro que ahora ...
‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ 

Click here to read this mailing online.

Your email updates, powered by FeedBlitz

 
Here is a sample subscription for you. Click here to start your FREE subscription


Cinematófilos"Cinematófilos" - 5 new articles

  1. Hollywood en Don Torcuaro: el libro
  2. Charla de Nanni Moretti en el Bafici
  3. Sexo, ruindades y video: tres grandes sitcoms no convencionales
  4. Sin novedad en el frente
  5. Dos agentes entre las sombras
  6. More Recent Articles

Hollywood en Don Torcuaro: el libro

En los últimos años estuve investigando la serie de películas que el mítico Roger Corman produjo en Argentina en los años ochenta asociado con Aries, la empresa de Fernando Ayala y Héctor Olivera. Ese trabajo terminó siendo un libro que ahora decidí publicar en formato digital, gratis.

Portada de 'Hollywood en Don Torcuato'Se titula Hollywood en Don Torcuato – Las aventuras de Roger Corman y Héctor Olivera. En su momento se lo ofrecí a algunas editoriales, que no mostraron interés, y lo presenté en algún concurso, también sin suerte. Tenía la idea de autoeditarme en papel, pero nunca tuve la guita para hacerlo, y ahora el contexto de la pandemia empeora las cosas. Así que decidí lanzarlo así, gratis, en digital. Más adelante, cuando todo esto pase, veré si puedo imprimir al menos una tirada chica.

Con guerreros y amazonas, magos y hechiceras, narcotraficantes y agentes encubiertos, asesinos y mujeres fatales, Hollywood -o al menos algo bastante parecido- desembarcó en Buenos Aires de la mano de Corman como nunca lo había hecho y jamás volvería a hacerlo en la historia del cine nacional. Toda esa historia se cuenta en cerca de 240 páginas que incluyen 26 testimonios originales de actores, técnicos y artistas argentinos y extranjeros involucrados en esos rodajes. El libro tiene además 65 imágenes (una buena parte, inéditas) y mucho, mucho material de archivo.

Mi interés en el tema había comenzado hace más de una década, cuando publiqué una serie de entradas en este blog que narraban esa historia. Pero aquellos textos tienen varias inexactitudes, algunos errores y, sobre todo, un tono que hoy no me gusta. En este libro traté de subsanar todo eso, y además profundicé en las historias y los personajes involucrados e indagué acerca de los motivos de esa curiosa -para algunos, insospechada- asociación entre el rey de la clase B y la productora de cine nacional más exitosa de los años setenta y ochenta.

Pueden descargarlo acá, gratis, en dos versiones: una en formato PDF, maquetado como un libro tradicional y con imágenes; y otra en EPUB, por si quieren leerlo en un e-reader. Y, por supuesto, están invitados a compartirlo con quien quieran. ■
     

Charla de Nanni Moretti en el Bafici

 

Nanni Moretti es el invitado más importante de esta 19° edición del Bafici, y probablemente uno de los más relevantes de la historia del festival de cine porteño. Figura central del cine italiano de las últimas cuatro décadas, autor de obras maestras como Palombella rossa, Moretti ofreció dos charlas en este Bafici. La primera fue el jueves a la noche, en el Village Recoleta, y se puede ver acá. La segunda ocurrió el viernes a la tarde en el Auditorio El Aleph, del Centro Cultural Recoleta, con la excusa de la presentación del libro Ecce Nanni: El testigo crítico. Acompañado por el director del festival, Javier Porta Fouz, y el crítico y realizador Sergio Wolf, Moretti se refirió entre otras cosas a sus documentales La cosa y The Last Customer, contó divertidas anécdotas de la filmación de Palombella rossa y, por supuesto, habló de política. En el video que abre este post se puede escuchar el audio completo de la charla. ■

     

Sexo, ruindades y video: tres grandes sitcoms no convencionales

Si alguien viera hoy un episodio de I Love Lucy (1951-57) e inmediatamente después uno de The Big Bang Theory (2007-) no encontraría, superficialmente, demasiadas diferencias. Las cinco décadas que separan el final de una serie del inicio de la otra -cada una, en su momento, la más exitosa de la televisión estadounidense- no parecen haber marcado una evolución demasiado evidente en el formato. Es claro que la historia de Sheldon y los otros nerds trata algunos de los temas (el sexo, por ejemplo) de un modo más directo que la de Lucy y Ricky Ricardo, pero la esencia, en gran medida, sigue siendo la misma: historias que se plantean, desarrollan y clausuran en veintipico de minutos, inevitablemente con un final feliz o, al menos, uno que deja a todos relativamente satisfechos; filmación en interiores (siempre habrá un sofá plantado frente a las cámaras) que no se preocupa demasiado por disimular su falta de verosímil ni por romper la rutina del plano-contraplano; y risas grabadas que subrayan no sólo los momentos cómicos, sino además la intensidad de esa comicidad.

Es que la evolución de la sitcom, sobre todo en Estados Unidos, en general tendió a ser más temática que formal. Cada nueva historia integraba algún personaje o asunto más acorde con su presente, aunque la forma siguiera siendo más o menos la misma. Así, se suele considerar que The Honeymooners (1955-56) fue la primera en representar de modo no idílico a un matrimonio de clase trabajadora, The Mary Tyler Moore Show (1970-77) ofreció el retrato de una mujer soltera e independiente, All in the Family (1971-79) se metió con temas de candente actualidad política y social, y el rotundo éxito de The Cosby Show (1984-92) permitió el surgimiento de otras series con elencos mayoritariamente negros. Las novedades formales tardaron algo más en llegar, y en general lo hicieron desde los márgenes (en Estados Unidos, la TV por cable). Quizá el caso más notable sea el de It's Garry Shandling's Show (1986-90), que con su constante autoconciencia inauguró un camino que hoy parece algo congestionado.

Las sitcoms son una de las formas más refinadas de la comedia. Y también uno de los géneros televisivos por excelencia. En sus orígenes pueden rastrearse influencias teatrales y radiales, pero el género es impensable fuera de la pantalla chica. A tal punto es así que verlas de otro modo (una maratón en video o en streaming) limita la experiencia, porque la repetición desnuda sus limitaciones. Un atracón de episodios deja al descubierto sus mecanismos, y el efecto cómico se debilita. Después de ver, por caso, una extensa seguidilla de Seinfeld (1989-98), uno advierte que casi todas las escenas que involucran a Kramer cierran con un gag físico, y la sorpresa se licua. Por eso la mejor forma de disfrutarlas es del modo en que se emiten por TV: un episodio por semana.

Esta breve introducción de tono enciclopédico viene a cuento de que, a la par de los cambios en la forma de consumir televisión, en las últimas décadas las sitcoms han evolucionado como nunca antes. Acaso el ejemplo más acabado sea Louie (2010-15), la extraordinaria serie de Louis C.K. Pero no es el único. A continuación van otras tres series, quizá no tan conocidas en Argentina, que de algún modo intentaron trascender el corsé de las convenciones. Las tres, además, son muy buenas, lo que ya es excusa suficiente para dedicarle estas líneas.

Coupling (BBC Two, 2000-2004)

Coupling

Buena parte de la crítica se apuró en calificar a esta sitcom como la Friends (1994-2004) británica, pero en realidad sería más preciso definir a How I Met Your Mother (2005-14) como la Coupling estadounidense. Porque si bien acá también hay seis amigos solteros (tres hombres y tres mujeres) de alrededor de 30 años que intentan conseguir pareja, lo que distingue a la serie es el uso de algunos recursos no del todo frecuentes en el formato. Es notable sobre todo la manipulación del punto de vista, que alcanza su punto más alto en el extraordinario "Nine and a Half Minutes", primer episodio de la cuarta y última temporada: la misma situación se narra tres veces desde diferentes personajes, y en cada una adquiere un sentido distinto (lo que hace que algunas situaciones sean graciosas por triplicado). "Split", el primer capítulo de la tercera temporada, cuenta la separación de una pareja completamente en split screen: una parte de la pantalla sigue a ellas y la otra a ellos durante una noche. A esta variedad de recursos formales se suma un uso extraordinario de la palabra y sus distintas acepciones, y un tono bastante más zarpado que en similares series estadounidenses. La cuarta temporada es la más floja, en gran medida porque se bajó el actor que interpretaba a Jeff (un personaje tan traumado y sexualmente frustrado que hace que cualquiera de los nerds de The Big Bang Theory parezca el encargado de relaciones públicas de un boliche) y porque la serie comenzó a apelar demasiado a la alegoría. Pero el conjunto es notable. Acá se la pudo ver hace unos años por I-Sat.


It's Always Sunny in Philadelphia (FX, 2005-)

It’s Always Sunny in Philadelphia

Descubrí demasiado tarde esta sitcom, que acaba de concluir su decimosegunda temporada y promete al menos dos más. Por ahora sólo pude ver una veintena de episodios (hasta mediados de la tercera temporada, más o menos) y es genial. Si hubiera que referenciarla con otras series -un ejercicio tentador aunque no siempre útil- diría que se ubica en algún sitio impreciso entre una versión salvaje de Seinfeld y el existencialismo de Louie. Charly, Mac y los mellizos Dennis y Dee, dueños de un poco prestigioso pub irlandés en la ciudad del título, son capaces de las peores ruindades, y cuando en la segunda temporada aparece Frank (Danny DeVito), padre de los hermanos, las cosas no hacen más que empeorar. Filmada con una sola cámara, con muchos exteriores y sin risas grabadas, It's Always Sunny in Philadelphia también se diferencia de las sitcoms clásicas en la ausencia de finales felices y en que jamás pretende generar empatía con los personajes. Apenas un ejemplo: en "Dennis and Dee Go on Welfare", tercer episodio de la segunda temporada, los mellizos se hacen adictos al crack para poder cobrar un seguro social. Se trata de un tipo de humor -zarpado, impredecible, en ocasiones político y con frecuencia incómodo- que la televisión estadounidense sólo se permite en el cable.


Episodes (Showtime/BBC Two, 2011-2017)

Episodes

Inscripto tangencialmente en la tradición de It's Garry Shandling's Show, Seinfeld y Curb Your Enthusiasm (1999-2011), entre otras series, aquí Matt LeBlanc hace de sí mismo. O, para ser precisos, de una versión ficcionalizada de sí mismo, que viene a ser algo así como un Joey Tribbiani salvaje, desvergonzado y arrogante. La historia comienza cuando una pareja de guionistas británicos se muda a Los Ángeles para adaptar "Lyman's Boys", una premiada sitcom que habían estrenado en Londres. Apenas instalados advierten que la feroz industria televisiva de este lado del Atlántico va a devorarlos, a ellos y a sus ideas. Y el primer problema se presenta cuando los productores les imponen a LeBlanc, que vuelve a la pantalla luego del fiasco de Joey (2004-06), como el protagonista de la serie. A partir de ahí se suceden todo tipo de conflictos, lo que le permite a Episodes reírse de la propia televisión. Sin risas grabadas, con puteadas y algún desnudo, la serie se aparta de la tradición clásica. Pero acaso el mayor mérito de esta nueva creación de David Crane (uno de los cerebros detrás de Friends) y su pareja Jeffrey Klarik sea ratificar que no hay chistes viejos o nuevos, sino buenos o malos. En Episodes hay humor en torno al tamaño del pene de LeBlanc, acerca de una mujer ciega o sobre cuestiones escatológicas, y siempre funciona porque tiene el tono y el timing adecuados. Y como plus se puede disfrutar de la presencia de Kathleen Rose Perkins, una comediante extraordinaria que el cine y la TV aún no terminaron de aprovechar. La quinta y última temporada de Episodes se presentará a fin de mes en el Festival de Tribeca, pero aún no hay fecha confirmada para su estreno televisivo. ■

     

Sin novedad en el frente

Felicity Jones en 'Rogue One'

El estreno de Rogue One, spin off o desprendimiento de la saga de La guerra de las galaxias, parece confirmar que el universo ficcional creado por George Lucas hace 40 años no tiene nada nuevo para ofrecer. Ya se había visto en El despertar de la fuerza: en lugar de expandir o enriquecer ese mundo fantástico, la nueva trilogía se conforma con canibalizarlo. Se trata más de un ejercicio de nostalgia que de una estrategia narrativa, y el resultado no deja de ser triste: la maravillosa telenovela espacial ha perdido su encanto para transformarse, acaso definitivamente, en apenas un objeto de consumo.

Sobre todo esto escribí en Hacerce la crítica. Lo pueden leer acá. ■

     

Dos agentes entre las sombras

 

Esta tarde vi por primera vez T-Men (1947), de Anthony Mann, que en Argentina se estrenó como Mala moneda. La película es famosa, entre otras cosas, por el extraordinario trabajo -por momentos casi experimental- del gran director de fotografía John Alton, como se puede apreciar en el video que abre este post. Pero también es un notable ejemplo de por qué en el cine negro -como planteó Paul Schrader en su célebre ensayo- importan más el estilo y los detalles que la historia, a punto de que con frecuencia la contradicen. Acá la historia es la de dos agente del Tesoro de Estados Unidos que se infiltran con el objetivo de desbaratar una banda de estafadores. Hay una voz en off casi institucional que recorre todo el relato y destaca el profesionalismo y la entrega de los agentes para combatir el delito. Y al final, claro, ganan los buenos, porque el que las hace las paga. Pero en el medio vemos cómo uno de los agentes finge no reconocer a su esposa para evitar que lo descubran, y cómo, poco más tarde, su compañero casi no se inmuta cuando lo asesinan a sangre fría. Lo que demuestra que Mann estaba más interesado en la deshumanización absoluta de los agentes que deben trabajar encubiertos que en su supuesto heroísmo. ■

     

More Recent Articles


You Might Like

Safely Unsubscribe ArchivesPreferencesContactSubscribePrivacy