Del lat. fraus, fraudis. - m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete. - m. Acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros. Estas son dos de las acepciones de ...

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"María Paula Romo" - 5 new articles

  1. Fraude, la desconfianza no es gratuita
  2. la memoria...
  3. "Necesitamos acuerdos mínimos sin importar quién gane las elecciones"
  4. FF.AA.-Correa: la discusión inútil
  5. El drama de los cubanos… O el problema de convertir un eslogan en política pública
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Fraude, la desconfianza no es gratuita


Fraude, la desconfianza no es gratuita

  en 
http://4pelagatos.com/2017/04/16/fraude-la-desconfianza-no-es-gratuita/

Del lat. fraus, fraudis.
  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete.
  2. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros.
Estas son dos de las acepciones de fraude según la RAE. Fraude es la palabra más usada en estas elecciones. En la primera vuelta fueron Marcela Aguiñaga y José Serrano quienes pusieron dudas sobre el trabajo del CNE y denunciaron públicamente fraude en los resultados. Ya en la segunda vuelta, la discusión se concentra nuevamente entre quienes sostienen que la elección estuvo plagada de irregularidades y aquellos que lo niegan asegurando que estas elecciones han sido “impecables”. #Fraude dicen las redes y también quienes, hasta hace pocos días, acampaban frente al Consejo Nacional Electoral.
Hay quienes afirman que una vez que se realice el recuento y sean proclamados los resultados oficiales, no existirán más motivos para seguir hablando de fraude. No estoy tan segura:
Fraude
  1. m. Acción contraria a la verdad y a la rectitud
Fraude, contrario a la verdad y rectitud, como por ejemplo eliminar de los balances del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social más de 2.500 millones de dólares que se registraban como deuda del gobierno.
Fraude, como reportar un incremento de casi 15 puntos en el empleo formal sólo con cambiar la fórmula de cálculo, preocupados más por transformar las estadísticas que la realidad.
Fraude, como modificar el mecanismo de cálculo sobre endeudamiento público (Decreto Ejecutivo 1218) para burlar la disposición constitucional sobre el monto máximo de deuda permitida, eliminando así –el registro, no la obligación- por más de 11.000 millones de dólares.
Fraude, engaño, como la Refinería del Pacífico, un proyecto que lleva casi 10 años, que el gobierno aseguró que estaría terminado para el 2015, y que luego de más de 1000 millones de dólares gastados, no tiene un solo avance en infraestructura, y seguramente pasará a la historia como el movimiento de tierras más caro del que se tenga registro.
Fraude
  1. m. Acto tendiente a eludir una disposición legal 
Eludir una disposición legal, burlarla, como por ejemplo alterar los mapas de donde viven los pueblos en aislamiento voluntario para autorizar la explotación del ITT, con plena consciencia de que es inconstitucional.
Fraude, artificio, como modificar la ley a través del Decreto 813 (en contra de lo expresamente negado por la Asamblea) y crear la abusiva figura de la renuncia obligatoria para incumplir así sus obligaciones laborales.
Fraude, acto tendiente a eludir una disposición legal, como el Decreto 16, contrario a la libertad de asociación, que viola el principio de legalidad y permite a través de un reglamento controlar organizaciones e incluso disolverlas, con causales imprecisas y abiertas.
Fraude, trampa; como crear una excepción a la norma de la Ley de Comunicación a través del artículo 6 de su reglamento; permitiendo así la compra de medios nacionales por parte de un extranjero.
La lista puede seguir y cada uno tendrá un ejemplo de lo más grave, pero lo cierto es que la indignación va mucho más allá de los resultados electorales. La desconfianza no es gratuita, la idea del fraude es el resultado de una descomposición institucional que lleva años y que no podrá resolverse con discursos ni declaraciones de buena voluntad. Cualquier posibilidad de reconstrucción democrática pasa por investigar estos y otros fraudes; por hacer pública la lista de Odebrecht, y por sancionar a todos los responsables e involucrados.

    

la memoria...


A los humanos nos faltan órganos para procesar el desconcierto, no sólo sirve el entendimiento...Hay que olvidar sólo lo justo, no dejar de sentir, no dejar de pensar, no escudarse en el olvido. No. Sólo lo justo. Olvidar sólo lo que no se puede asimilar. 

Etty Hillesum
    

"Necesitamos acuerdos mínimos sin importar quién gane las elecciones"


FF.AA.-Correa: la discusión inútil


FF.AA.-Correa: la discusión inútil

  en Columnistas/La Info/Las Ideas  por 
en http://4pelagatos.com/2016/09/09/ff-aa-correa-la-discusion-inutil/

El presidente Correa ha sido víctima de su propio discurso. Lleva meses poniendo en duda la organización jerárquica de las Fuerzas Armadas y tensando la relación con su cúpula: desde la destitución a todo el alto mando por una diferencia sobre cómo proceder con la compra del terreno en Samaneshasta la crítica a su sistema de pensiones jubilares; pasando por cuestionar la organización de las habitaciones de oficiales y tropa.
Finalmente, en señal de horizontalidad, de igual a igual con la tropa, el Presidente decidió comunicarse directamente a sus correos electrónicos personales, pasando por encima del mando que debió haber sido el canal regular –si es que reconociera tal cosa como la organización jerárquica-. Sucede entonces que un oficial le toma la palabra, y en esta supuesta relación de iguales, responde a su correo, entonces el Presidente recuerda la importancia de la estricta jerarquía y lo incuestionable de la autoridad en la institucionalidad de las Fuerzas Armadas. Pide sanción ante semejante atrevimiento y el Consejo de Disciplina absuelve al capitán Ortega, nueva afrenta, pero no hay problema, siempre le queda acudir a los diligentes jueces y la justicia, que “ya cambió”, se toma unas pocas horas para darle la razón. Vuelven a desnaturalizar la garantía constitucional usándola para “proteger” al poder y al poderoso. Ortega y unos cuantos más serán sancionados en los próximos días, ¿alguien lo duda?
Qué gran paradoja, el cuestionar la autoridad del Presidente como ofensa imperdonable, falta reglamentaria, violación constitucional; sin embargo, cuando él olvida la jerarquía del mando para dirigirse de manera directa a los miembros de las Fuerzas Armadas es solo un acto de comunicación, pura correspondencia regular.
Es verdad que el Presidente es la “máxima autoridad” de las Fuerzas Armadas, y que estas tienen deber de obediencia respecto del poder civil. También es cierto que, en estricto sentido, el hoy procesado no desobedeció una orden del Presidente ni puso en riesgo su autoridad o mando. Con su escrito, Ortega respondió de forma privada a la correspondencia del Presidente que lo contactó en primer lugar. Incluso estoy dispuesta a conceder que en una institución como las Fuerzas Armadas hay un tono que no está permitido, en particular del inferior al superior, ahora que resultó que sí había jerarquía.
Dicho esto, me gustaría argumentar que, para el Ecuador y los ecuatorianos, este es el menor de nuestros problemas. La confrontación entre el Presidente y las Fuerzas Armadas ocurre en el mismo momento en que Colombia firma un acuerdo de paz con las FARC luego de cincuenta años de un conflicto que ha desangrado a la región. En lo personal ¡celebro que suceda!, admiro la voluntad de gran parte de los colombianos de apostar a la paz, al perdón y la reconciliación. Sin embargo, esta decisión tiene importantes repercusiones para el Ecuador, y es elemento fundamental para definir nuestra política en temas de frontera, refugio, seguridad, narco cultivo y tráfico. ¿Quiénes y en dónde discuten esa política? ¿A quién le interesa este asunto prioritario para una frontera ya tan contagiada de violencia?
Mientras esto sucede, gobierno, Fuerzas Armadas, la prensa, todos nosotros, estamos ocupados en el debate de si un oficial puede o no “postear” un mensaje en las redes sociales o si puede o no diferir vía correo electrónico con el Presidente de la Republica.  Esta discusión no va a llevarnos a ninguna parte, al menos no una en la que tenga como resultado definiciones sobre los arreglos institucionales de esta débil democracia: el rol de los militares y su relación con el poder civil, su función en la coyuntura y en el futuro próximo, su estrategia frente a la nueva realidad de nuestros vecinos y la región. ¡Seguramente es eso en lo que habría que enfocarse!
    

El drama de los cubanos… O el problema de convertir un eslogan en política pública


El drama de los cubanos… O el problema de convertir un eslogan en política pública

  en Columnistas/Las Ideas  por 

Los últimos días hemos presenciado con horror el desenlace de la desastrosa política migratoria que ha mantenido el Ecuador durante casi una década. Como en todos los temas de política exterior, hemos pagado cara la idea de que un eslogan puede convertirse –así sin más– en política pública.
El drama de los cubanos no empezó con el violento desalojo de decenas de familias durante la madrugada del 6 de julio, ni con la ilegal detención de 150 personas, acompañado de una cantidad de violaciones al debido proceso y las normas internacionales sobre refugio y asilo. No. Su tragedia comenzó mucho antes, incluso podría señalarse la fecha exacta: el 20 de junio de 2008 (cuatro meses antes de que entrara en vigencia la nueva Constitución) el Presidente Correa decidió la eliminación del visado para los visitantes de cualquier país del mundo. La política del eslogan llevada a su máxima expresión: desafiar (con alcance planetario para ponernos a la altura de las comparaciones a que nos tienen acostumbrados) las más elementales normas para regular la movilidad.
La ciudadanía universal es un principio, un ideal, según el cual el ejercicio de los derechos humanos no depende de la nacionalidad de ninguna persona. ¿Para implementar este principio se requería una política indiscriminada de “puertas abiertas”?: Por supuesto que no, se requería nueva legislación –contemporánea, constitucional– que aclare las reglas sobre migración y refugio; una política de migración clara que identifique mecanismos y requisitos para autorizar las visas para visitantes de determinados países; se necesitaba un discurso y una práctica coherentes sobre asilo político.
No tuvimos nada de eso. En su lugar se ha mantenido durante más de ocho años una ley anacrónica, con tal visión sobre el tema migratorio que permite que el Ministerio del Interior sea consultado para resolver la expulsión de una persona –como en efecto han hecho los jueces de estos casos–. En lugar de normas y mensajes claros hemos sostenido un discurso y una política errática que ha ido desde la eliminación de visas a su exigencia, y nuevamente a su eliminación (como el caso de los ciudadanos chinos). Buscamos convertirnos en el paladín mundial del asilo político –si se trata de Assange– pero acabamos de enviar a decenas de cubanos a enfrentar procesos judiciales por disidencia. Pasamos de ser el país de la “ciudadanía universal” al que mantiene cárceles clandestinas como el “Hotel Carrión” que lleva ya tantos años de ser lugar de detención para personas que no tienen cargos penales de ningún tipo.
Cubanos bienvenidos como estrategia para descalificar a los médicos ecuatorianos y desestimar sus reclamos;  cubanos víctimas de una red que les vendía su naturalización (por cierto en este caso se estableció la responsabilidad penal de Juan Aguiñaga, hermano de la actual vicepresidenta de la Asamblea Nacional); cubanos de pronto con nuevo requisito de visa con el precio más caro del mundo para estos trámites: 450 dólares por solicitud; cubanos enviados a su país, del que salieron huyendo, en deportaciones masivas, no sólo prohibidas por la Constitución sino potenciales crímenes de lesa humanidad.
Este drama no empezó con la miseria de hacer “controles migratorios” en un campamento de personas que precisamente estaban ahí pidiendo soluciones a su situación migratoria; empezó con la ligereza del manejo político del gobierno que los ha puesto a ellos –y a tantos otros– en esta situación.
    

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