La política espectáculo no es nueva, ni mucho menos. Ya en los años 60, el controvertido Guy Debord hablaba de ella, inscrita en lo que denominaba la sociedad espectáculo. Pero podríamos remontarnos muy bien hasta las escenificaciones del partido ...

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"El Hermeneuta Ecléctico" - 5 new articles

  1. ‘The show must go on’
  2. Florecitas
  3. ¿Qué fue de Sócrates?
  4. El Día del Celíaco
  5. Nuevo Venerable Maestro en la Logia Obreros de Hiram
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‘The show must go on’

La política espectáculo no es nueva, ni mucho menos. Ya en los años 60, el controvertido Guy Debord hablaba de ella, inscrita en lo que denominaba la sociedad espectáculo. Pero podríamos remontarnos muy bien hasta las escenificaciones del partido Nazi o la propaganda soviética y, por supuesto, ha estado muy presente siempre en la política norteamericana, desde Eisenhower a, por supuesto, Trump, pasando por Kennedy, Reagan y Obama.

Manejar bien la política espectáculo no es sencillo, pero suele funcionar bien «que hablen de uno, aunque sea bien» y la pelea no consiste en quien hace las mejores propuestas, sino por quien atrae las cámaras.

En España la política nos ha dado espectáculos interesantes. Recuerdo el dóberman del PSOE del 96, o a Hermida con las nuevas caras del PP de Aznar, quien montó el primer departamento de telegenia de un partido en España, o las puestas en escena de Caldera, la imagen de Chacón pasando revista a las tropas embarazada y, desde luego, el paso de los políticos por programas de entretenimiento.

Pero, en ninguna campaña, como en ésta, ha primado tanto el concepto del espectáculo por el espectáculo. Podemos es una fuerza política construida por obra y gracia de este principio, que también está detrás de la polémica generada por el PP con su himno a ritmo de merengue o su reciente y acertada producción audiovisual. El partido de Rivera que es más desigual y tiene una dependencia grande de la sobreexposición de su líder, nos ha dado recientemente algún momento bueno con la visita a Venezuela. El PSOE, que empezó bien con la llamada de Sánchez a Sálvame, y consiguió atraerse todas las cámaras durante la investidura, está resultando previsible, y aun así remonta posiciones. A ver las próximas semanas.

    

Florecitas

El Correo de Andalucía 06-06-2016

En las últimas semanas, cada vez que coincido con algún militante o simpatizante socialista veo en su semblante la sombra de la preocupación. La pregunta que me hacen es siempre la misma: «Antonio ¿cómo ves la cosa?» Y mi respuesta, rara vez los deja más tranquilos.

Y es que tengo la impresión de que el PSOE no ha sabido leer la estrategia de esta segunda campaña. El partido que siempre supo interpretar mejor que nadie la partida de ajedrez que era la política en España no está sabiendo adaptarse a un escenario en el que las reglas son más parecidas a las del Risk, y se reciben ataques a diestro y siniestro. En marketing político, al diseñar esta campaña, lo primero que preguntaríamos es ¿por qué tengo que votar al PSOE y no a otros? La respuesta no parece que la respondan los mensajes de una campaña que a PP y Podemos interesa polarizada entre ambos.

Un partido que aspire a apelar a su base y que desee motivarla debe poner la atención en sus símbolos y su historia. Su discurso debe ir encaminado a motivar a su electorado más duro. Y, sinceramente, creo que la estrategia del PSOE, en esto, está de momento pinchando en hueso. Si se toma el mapa de España se puede ver claramente cómo el PSOE es fuerte en la mitad sur, mientras que, de Madrid para arriba, ha perdido ya cualquier atisbo de lo que llegó a ser ¿Es lógico en estas circunstancias introducir como tema de campaña la cuestión territorial y hacerlo de tal forma que cree incertidumbres en Andalucía, Extremadura o La Mancha, sin terminar de convencer en Cataluña? ¿O que el PSC firme acuerdos con Colau?

Ayer escuché a Pedro Sánchez en una entrevista reconocer que el electorado socialista está desmotivado. Es un buen comienzo, pero no sé si lo van a hacer reaccionar con florecitas.

Si quieres ver el artículo original, pulsa aquí.
    

¿Qué fue de Sócrates?

El Correo de Andalucía 31/05/2016

La última semana me ha hecho recordar mis días de instituto, en una época en que el griego clásico y la filosofía no parecían asignaturas inútiles. Y se me ha venido a la memoria una frase recurrente que Platón ponía en boca de Sócrates: «Los sabios proceden con moderación».

Y he recordado esta frase, tras las elecciones en Austria y las referencias al avance de la ultraderecha. Desde mi punto de vista se trata de un análisis incompleto. No es sólo que la ultraderecha esté avanzando, es que la moderación está retrocediendo. En Austria, por ejemplo, por primera vez han quedado fuera de la segunda vuelta el partido socialista y el cristiano demócrata, un síntoma más de la mala situación de los partidos tradicionales en el viejo continente. ¿Quizás el fenómeno Trump obedezca al mismo proceso?

La situación económica y social de Europa ha llevado a los votantes a ser más radicales y extremistas en sus comportamientos electorales y eso ha desembocado en un auge de partidos de extrema izquierda y de extrema derecha, o en el endurecimiento de los discursos de los partidos tradicionales, que ven como sus posiciones históricas no hacen más que distanciarlos de sus teóricas bases sociales. ¿Es justo pensar que esto se debe sólo a la mala calidad de nuestra clase política? ¿No ha sido también el comportamiento de los electores el que ha provocado, por ejemplo, el endurecimiento de las posiciones de Merkel con respecto a los refugiados? ¿Si las posiciones moderadas fueran las imperantes entre los votantes alemanes creemos que la CDU se hubiera planteado la necesidad de cambiar su posición inicial?

Y es que ya lo decía Bernard Shaw, la democracia garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.

    

El Día del Celíaco



Sé que las personas que me conocen esperarían que este primer artículo tratara sobres las próximas elecciones. Sin embargo, me siento en la obligación moral de abstraerme momentáneamente de la atmósfera política y futbolística que lo invade todo y centrarme en un hecho que, no por pasar más desapercibido, es menos importante. El próximo viernes es el Día del Celíaco y quiero mostrar solidaridad con un colectivo que, sólo en Sevilla, incluye a casi 20.000 personas.

Cuando comencé a tener relación con la enfermedad hace más de una década –soy padre de una hija celíaca y la naturaleza se ha encargado de concienciarme– el desconocimiento era absoluto. Hoy, sin embargo, es bastante común que cuando a alguien le menciones la enfermedad sepa, al menos, que consiste en una intolerancia al gluten y que los que la padecen no pueden ingerir trigo y otros cereales. También es bastante común encontrar quien te diga «ya hay muchas cosas para celíacos».

Y es cierto. Pero todo lo que se ha conseguido en los últimos años ha sido por la visión comercial de algún establecimiento que veía en el colectivo un apetitoso nicho de mercado o, sobre todo, por el esfuerzo de un puñado de afectados que han dedicado de manera desinteresada gran parte de su tiempo a intentar mejorar la calidad de vida de personas que cuando salen se tienen que conformar con una pechuga de pollo a la plancha mientras los que están a su alrededor se deleitan con una cola de toro o unas espinacas con garbanzos, o viven con resignación el hecho de que una modesta pieza de pan cueste más de tres euros de media.

Lamentablemente los poderes públicos, en este asunto, no están, aunque se les espera. De momento ni la Junta ni el Gobierno están a la altura, y es una pena.

Puede ver el artículo original aquí.
    

Nuevo Venerable Maestro en la Logia Obreros de Hiram

 
    

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